Ratas voladoras

Ratas voladoras

22.03.2017

El skate esta presente en lo cotidiano, en la charla con un amigo, a la ida o vuelta del trabajo, del estudio, de la despensa o un recital. Sucede sin que uno se dé cuenta y conforme pasan los años, se comienza a respirar. Cada vez ocupa un mayor espacio en nuestra mente y pensamientos. La visión se agudiza hasta que aprendemos a observar el entorno. Es inevitable, y surge por añadidura de los kilómetros rodados.

Es en ese momento cuando luego de pasar ciento de veces por un mismo lugar notás que algo en el paisaje urbano ha cambiado. Hubo algo ahí que ahora yace medio despintado y con persianas bajas. Transcurren los días y comienza rápidamente el deterioro.
Un puñado de callejeros en busca de refugio se instalan. Un par de delincuentes pasan y se roban algo, y a la pasada acompañado de unos piedras rompen unos vidrios.

Es un buen momento para ir a ver con que nos encontramos ...

Las instalaciones

Se corre el comentario en nuestro circulo habitual, y un buen día ya estamos saltando las paredes y metiéndonos a andar. Todo un mundo nuevo y desconocido abierto a la libre interpretación, improvisando algunos obstáculos con lo que hay por ahí tirado.
Pasarán los días y querrás volver. Cada encuentro en el lugar es un escenario distinto, de la última visita hay menos cosas con las cuales improvisar algo, los amigos de lo ajeno van tomando a su gusto y llevando.

La porción de la mente que mencionamos con anterioridad no descansa. Luego de imaginar e imaginar que se puede hacer, o pensar a que amigo le queda cómodo para hacer alguna truco, unos días después volvés.

Al llegar al lugar te encontrás con unos -amiguitos- de la calle que están instalados viviendo y  a la primera de cambio te saca a las corridas amenazado con el primero objeto oxidado y afilado que toma en el camino hacia tu encuentro. Diálogo. Luego de algunas palabras nos entendemos y compartimos. No somos policías ni venimos a ocupar el lugar, sólo vamos a jugar en él por un par de horas.

El ciclo se repite, una y otra vez. Visita tras visita. Hasta que el lugar pierde su encanto, está completamente destruido o finalmente desaparece.

Así pasamos los días en esto que alguna vez supo ser una concesionaria de motos. Un poco de vela, algunos rollos 35mm y la vacuna antitetánica al día.
Somos amigos del abandono. Encontramos allí una belleza particular que nos seduce y permite disfrutarla andando. 
Entre fierros, escombros, pruebas y ratas comenzamos a volar hasta encontrarnos con el próximo spot a andar.

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